sí, todos somos perra de algo. Alex Levy sabe que lo sabemos y nos lo dice de frente.
Nos dejamos arrastrar por la aprobación de nuestros papás, por el reloj, por el trabajo, por el dinero, por cómo "deberíamos" vernos, por lo que pasó y lo que debió pasar, y por esa versión nuestra que ya ni nos queda, pero seguimos usando como uniforme obligatorio.
Alex escribe con cero ganas de hacerse el iluminado.
No viene a decirte que todo pasa por algo, ni a ponerte a manifestar abundancia frente al espejo mientras se te desmorona la vida.
Viene a decir algo más incómodo: muchas de esas correas llegaron antes de que pudiéramos elegirlas, y aun así las defendemos a capa y espada, y luego nos quejamos de que nos asfixian.
Entre historias personales, filosofía y humor, nos lleva de la mano, y muchas veces de la correa, a visitar las perras que nos dominan, a reconocerlas y a aprender a bailar con ellas sin volver a convertirlas en nuestras dueñas.
Porque quizá la libertad no consiste en vivir sin correas, sino en darte cuenta de quién las está sosteniendo, y de que la única perra a la que sí está bien rendirse es Pulguita.